Pues aquí estamos, en paliativos, celebrando la vida.
89 años ya de mi padre en este mundo, hasta donde llegue.
De momento con el mejor regalo que nos puede hacer: que está tranquilo y que no le duele nada.
En breve soplamos las velas 🙂

No hemos quemado el hospital. Cosa que, por otro lado, hubiera sido una épica manera de marcharse a lo grande XD

Hace una semana nos reunió el equipo médico para decirnos que era cuestión de días, que solo quedaba esperar y que no se podía hacer nada más por mi padre más allá de lo que estábamos haciendo, acompañar.
Comentamos «en una semana cumple 89 años». Hubo un silencio grande que lo decía todo.
Hoy mi padre hasta ha soplado las velas. A su ritmo, cuando ya las habíamos soplado nosotros, como que nos ha visto soplando y ha pensado «pues yo también».
Lo inevitable no nos quita la ilusión de hoy.
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