«Hija, tu padre… tiene ideas». Me lo dijo muy serio, como quien deja testimonio de toda una vida. Fue hace unos años, sentados en la mesa de la cocina del pueblo. No recuerdo qué me dijo después, alguna de sus ideas locas como construir una estantería con un somier o usar un soplete para arreglar un taza de water.
Dentro de poco es mi cumpleaños y ayer, como aquella vez, se ha puesto serio estando los dos solos sentados en la cocina. «Hija, ya sabes que tu padre tiene ideas —según lo decia yo pensaba «a ver con qué me sale ahora»—. Lo he estado pensando mucho y el día de tu cumpleaños voy a anunciar algo, pero te lo quiero contar antes: mi regalo de cumpleaños es que no tengas problemas en llevarme al pueblo, te doy permiso para que me incineres». «Oye, pues me parece genial —le he respondido— es un gran regalo». Mi padre tiene ideas, no va a dejar de tenerlas ahora.
Desde que ha decidido no operarse (ver entrada anterior), se ha puesto en modo creativo y está pensando en hacer un mueble con estantes para colocar en la pared del cementerio y ponerlo detrás de la tumba de mis abuelos, sus suegros. Que le hará 5 baldas para que quepamos todos (las urnas con las cenizas, claro).
Como le he dicho que no tenía muy claro si le iban a dejar plantar un mueble en el cementerio, ha cambiado de idea:
—Pues mira, me dejas en un baúl de esos antiguos que hay en el pueblo y ya.
—También te puedo meter en el horno, si quieres.
—No, si al horno voy a ir fijo, jaja.
—No, me refiero a que meto la urna en el horno de casa.
—Oye, pues mira, no sería mal sitio… —se lo piensa un poco— bueno, va, no, yo mejor en el cementerio, como todo el mundo.
pd: no, no me he vuelto loca. Nuestra casa tiene un horno de pan antiguo, como una habitación de grande 🙂
Deja una respuesta