El viernes mi guapa y yo no sé cómo conseguimos sacar de casa y bajar a la calle (vivimos en un 2º piso sin ascensor) un sillón de madera maciza que pesaba un quintal.
Hacía años que queríamos deshacernos de él, porque era incomodísimo, estaba medio roto y lo había comprado el primer propietario de este piso, pero mi padre decía era su sillón preferido y que mientras él viviera ese sillón no salía de casa.
Así ha sido.
Ahora tenemos un poco más de espacio en el salón y un mucho más de vacío.
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