Apuntes 24/10/2023

Llevaba días sin apenas hablar con mi madre pq me colgaba el teléfono muy rápido pq «está por aquí» y hoy que por fin hemos podido hablar más de 1h, siento pena, mucha pena por ella. Antes sentía rabia o enfado contra mi no-hermano pero es que ahora lo que lo inunda todo es la pena.

No puede ser que mi madre pase así los últimos años de su vida. Que sale de la ducha y se encuentra a cualquiera en el salón de su casa que ha entrado con mi hermano para contarle una milonga para pedirle dinero.

No puede ser que mi hermano le monte todo un teatro diciéndole que va a ingresar en un sitio para desintoxicarse y que mira, me han comprado un edredón dame 40€ (y que mi madre, la pobre, pique).

No puede ser que a la mañana siguiente de eso y de haberle dicho que estaría 10 días fuera, aparezca de nuevo en casa, ella le ponga el desayuno y él le vuelva a pedir 30€ más (y ahí mi madre se lleve la decepción de que no era verdad lo anterior).

No puede ser que mi madre, en una especie de autodefensa obsesiva y malsana, se haya puesto a llamar a todos los números que llaman al fijo de casa (ahora mi hermano no tiene móvil porque lo empeñó) y que se ponga a hablar con gente random intentando averiguar «algo» (y me lo cuenta como si fuera la gran hazaña y yo no sé ya ni qué decir, ni cómo decirlo) o que se ponga a decirles que ella no les va a dar dinero, que dejen de llamar a mi hermano.

No puede ser que salga a comprar en el barrio y se entere por ahí que mi hermano ha sacado dinero a otros vecinos diciendo que ella estaba ingresada en Psiquiatría porque desde la muerte de mi padre se ha vuelto loca…

De verdad, esto es irresoluble, la solución solo la tiene ella, echándolo de casa, pero eso no pasará. Ni siquiera lo menciono ya.

Y, por raro que suene, desde he asumido que no hay solución lo llevo mejor. Ya no me desgasto como antes. Ya no me dejo la piel para nada.

Pero qué pena, todo, de verdad. Casi 80 años mi madre, toda la vida sacrificada por nosotros y ahora esto, la inmolación final por un hijo que no la respeta y al que demás, no ayuda, sino todo lo contrario, asumiendo que una madre no puede echar a su hijo de casa.

Si hasta el cura nos dijo el día del funeral de mi padre que mi padre había ido a la iglesia a pedir consejo y que él le había dicho que tenían que denunciar y echarlo de casa.

Pero mi madre ni siquiera quiere ir a hablar con el cura.

También están pasando cosas buenas, muchas, pero hay días en los que necesito dejar por escrito esta pena. No quiero olvidar.

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