Esto empieza a ser un tema recurrente aquí (mis relaciones con ciertas personas, hombres últimamente, amigos que reaparecen del pasado) aún no sé si es porque estoy en modo retrospectiva, o en un cambio de ciclo, pero el caso es que estas historias, estas personas, están apareciendo así, sin buscarlas. Ayer me escribió Javi.
La última vez que nos vimos fue en algún momento del inicio de 2020 o de finales de 2019. A mí ya me habían operado dos veces y estaba fastidiada, pero ya estaba mejor y empezaba a salir un poco. Hacía años ¿10, tal vez? que no nos veíamos y me llamó para decirme que estaba en el barrio, que había venido a ver a su padre.
Yo estaba con mi guapa a punto de coger un autobús, cargada de bolsas, y sí, de pura casualidad también estaba en el barrio, había venido a ver a mi madre. Así que sin pensarlo más, dejamos todo, y quedamos en una cafetería cercana. Nos pusimos al día y fue muy bien, como aquella vez al acabar la carrera en la que al no encontrar ningún sitio abierto compramos una tarrina grande de helado en el Eroski y unas cucharas y nos sentamos en un parque a charlar.
Javi y yo coincidimos en la universidad, pero ya nos conocíamos de antes, del barrio, porque habíamos ido al mismo colegio y al mismo instituto. Él tiene un año menos que yo, así que nunca llegamos a compartir clase.
Lo curioso con Javi es que durante muchos años llevamos una vida paralela en la que nos íbamos cruzando de vez en cuando, en diferentes carreras y ciudades.
El mismo colegio, el mismo instituto, la misma universidad (y la misma carrera), y luego yo me voy a Barcelona a estudiar un máster en la Universita Autònoma de Barcelona y un año después me lo encuentro en una charla y me dice que él ha venido a estudiar a Barcelona un máster (otro distinto) también en la UAB. Quedamos en llamarnos, pero nunca lo hicimos.
Al año siguiente me matriculé en Filología Hispánica en la Universitat de Barcelona. Adivinad. Me lo encontré en la sesión inaugural del curso. Él se había apuntado a Literatura Comparada. Los dos como segunda carrera. Quedamos alguna vez más después de aquello, pero poco.
Años después, también en Barcelona, me lo encontré por la calle. No le sorprendió: «Sabía que te iba a encontrar —me dijo—, la semana pasada estuve en Italia y en el piso donde me alojé tenían un Iguazú». ¡Un Iguazú! O sea, Javi había ido a Italia y se había encontrado un ejemplar de mi revista. ¿Cómo había llegado allí ese ejemplar? Ni idea. Y una semana después nos cruzábamos por la calle en una ciudad tan grande como Barcelona.
Así que ayer me escribió Javi, este chico (vuelvo a lo mismo, ya señor, igual que yo soy ya una señora) de vida paralela y me pone muy contenta pensar que aún se acuerda de mí y la promesa —ojalá cumplirla— de tomarnos un café y ponernos al día este noviembre.
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